martes, 2 de junio de 2015

La Juventud Periodista y el fin de la grieta mediática


Argentina es un país apasionante y tiene un periodismo político que históricamente estuvo a la altura. Grandes polemistas en el siglo XIX como Alberdi, Sarmiento, Mitre, José Hernández; figuras como Natalio Botana, Walsh, Timmerman, Neustdat, Verbitsky, Lanata en el siglo XX. No interesa si unos eran conservadores o reformistas, demócratas o autoritarios, sino su efectividad como periodistas de investigación o formadores de opinión.

Siempre fue, es y será conflictiva la relación entre el periodismo y los gobiernos. Se disputa la opinión pública, la imagen política, la aceptación mediática de un gobierno, aunque la realidad material económica finalmente se imponga en la percepción del ciudadano. También es conflictiva la relación con el poder, que puede ser político o económico, porque se juega a develar secretos, una especie de juego de las escondidas, donde a veces encontrar puede ser riesgoso.
En la historia argentina reciente, hubo un periodismo complaciente con la dictadura (en un marco de terror y autocensura, pero también de negocios) que pudo apreciarse en forma cabal con la guerra de Malvinas; un periodismo ciudadano que apostó a reconstruir la democracia y los valores republicanos en épocas de don Raúl Alfonsín; y un periodismo que en medio de la corrupción derivada de las privatizaciones menemistas y altos grados de impunidad sistémica jugó el rol de justiciero mediático, de fiscal de la república, cuyo símbolo más acabado en todo sentido es Jorge Lanata.
El kirchnerismo puso en jaque todo lo que encontró (obstaculizando) a su paso. Así como eligió desde el comienzo como adversario ideológico al diario La Nación (fiel exponente doctrinario de la clase dominante argentina) y su recordada editorial donde Escribano imponía un pliegue de condiciones al nuevo gobierno; también eligió pactar con Clarín y cooptar Página 12 y su entera cantera de intelectuales de izquierda.
No interesa aquí juzgar el inicio del fin del pacto con Clarín en plena crisis con la Mesa de Enlace, ni la necesidad o efectividad de la nueva Ley de Medios. No se busca entrar en la batalla cultural.
Sí pensar que "la grieta" -como la bautizara Lanata-, o la "crispación" -como la nombró el santo padre Bergoglio-, implican un corte social y político y éste tuvo pleno impacto en el periodismo político argentino. No se menta el periodismo militante o la red de medios sensibles a los llamados del gobierno, ni a los productos de Diego Gvirtz. Se busca entender como un gobierno desde la polémica política pública corrió de ese lugar impoluto y contestatario al periodismo, emparentándolo con los grupos económicos que dominan el escenario local.
Muchos periodistas alegan que en esa práctica, el gobierno maltrata trabajadores de la prensa al presentarlos como co-partícipes de la línea editorial del grupo mediático en el que trabajan, pasando de ser posibles afiliados a la CGT o CTA a meros operadores políticos o intelectuales orgánicos del establishment. Esto último podría ser cierto en los editorialistas domingueros, de cualquier medio que sea, pero difícilmente encuadre a los meros redactores que trabajan en la redacción.

Comerás vacas sagradas
Sin embargo, lo más violento del proceso ha sido la desacralización de ciertas vacas sagradas del periodismo y su destemplada respuesta. Así, grandes periodistas que supieron construir sus prestigios en las décadas del ochenta y noventa como referentes contra la censura autoritaria, la corrupción o la impunidad, hoy ven llegando al momento de disfrutar de sus años dorados una impugnación política y social que los sorprende y llena de rencor. Figuras como Lanata, Majul, Leuco, Gelblung, Nelson Castro, el fallecido Eliaschev, Tenembaum y muchos más padecen lo que consideran una persecución ideológica desatada por el gobierno y realizada según sus críticas en principio por Diego Gvirtz. También existen momias oficiales como Victor Hugo Morales, Eduardo Aliberti, José Pablo Feinman y otros, que han visto alinearse un gobierno con sus luchas y han optado por quemar las naves y gastar los ahorros simbólicos acumulados durante toda una vida antes de entrar definitivamente en el cajón de olvido.
Si bien puede haber un poco de eso, la realidad es más compleja porque al debatir públicamente sobre sus editoriales, el kirchnerismo los obligó a fundamentar políticamente sus respuestas donde muchas veces se vislumbra un liberalismo ramplón, un falso progresismo, cierto republicanismo naif, cuando no el más insultante antiperonismo. Es legítimo y natural escribir desde la ideología (es imposible no hacerlo) siempre y cuando se respete una pluma apartidaria, sincera en los hechos que se reseñan y con buena fe en la interpretación.

Guerrilla Radio
Sucede que con la pérdida de derechos laborales y profesionales propios de la etapa neoliberal en las grandes empresas periodísticas, se gestó un movimiento paralelo de "emprendedurismo" del periodismo y de integración horizontal. Grandes figuras del periodismo, que saben que su nombre es su marca, fueron montando productoras y equipos para poder trabajar en la tv, en canales como el 26 o el 9, que alquilan su espacio de aire. Los canales ya no producen sus contenidos periodísticos, reteniendo tan solo el servicio de noticias, ya no emplean periodistas en planta. Sub-alquilan su hardware, al software que generan periodistas que deben traer sus propios anunciantes. La ventaja de este fenómeno es cierta independencia del periodista-frontman en la línea editorial respecto del canal desde donde emite, pero: ¿Respecto de sus anunciantes? Alfredo Leuco (hasta ayer nomás), Maxi Montenegro y Luis Majul son claros exponentes de este estadio (la grilla política de canal 26 en general). Se configura así una suerte de periodismo-pyme que obliga a pensar en costos y beneficios, en correr tras el anunciante y muchas veces la línea editorial funge de "herramienta" para conseguir pauta. Muchos rencores periodísticos con el gobierno se explican y mejor entienden bajo esta luz. La única opción válida en este caso es una línea editorial lo más plural posible (desde los invitados al programa) y una pauta lo más diversificada que se pueda (sub gobiernos de distintos signo partidario, pauta privada).
Los programas de Montenegro y de Sylvestre en tele, y Varsky y Sietecase en radio, son paradigma en este rubro.
A su vez hoy por hoy todo periodista de cierto renombre, aún joven, tiene la posibilidad de trabajar en varios formatos en simultáneo. Se aprecia un fenómeno que cobró potencia en los últimos años donde el periodista trabaja en televisión, radio y gráfica, muchas veces en el mismo grupo mediático (o no). Por ejemplo Gustavo Sylvestre hace tele en C5N, radio en Del Plata y gráfica para el Cronista Comercial. Alejandro Bercovich hace radio con Tenembaum en la Rock&Pop, gráfica en diario BAE y tele en C5N con Sylvestre. Nicolás Wiñazky está en la pantalla del 13 con Lanata y hace radio en Mitre con su padre. Mario Wainfeld hace radio en Nacional, gráfica en Página 12 y apariciones en tv en DDD de Gvirtz. También existen vasos comunicantes que unen radio Nacional Rock y espacios como Tiempo Argentino o Página 12 (Wernet Pertot, Nicolas Lantos, Julia Mengolini son buenos ejemplos). Como todo en esta vida, los huevos repartidos en varias canastas (grupos mediáticos) aumentan los márgenes de autonomía editorial y la sobrevida laboral.
Un fenómeno también impactante es el ingreso a la arena del periodismo político de conductores televisivos con poco recorrido previo en cuestiones públicas. Fantino como frontman de esta especie, seguido de cerca por Jorge Rial (casualmente elegido para entrevistar a la presidenta) y el joven Santiago Del Moro en Intratables demuestran que con una buena producción periodística, un formato show atractivo y -fundamental y excluyente para comprender- la buena fe en el mano a mano y la entrevista, la fauna política abreva en ese bebedero sin problemas. Martín Rodríguez ha escrito y bien sobre esto.
Por último se observan jóvenes periodistas, con cierto recorrido alternativo en los años noventa, que van llegando a un punto de maduración y ocupan lugares en el mainstream periodístico argentino. Con formación especializada en muchos casos, con profusas citas "en on" en tiempos donde ese recurso escasea, exhiben una honestidad intelectual que les permite ponderar la recuperación económica y social de esta última década y al mismo tiempo señalar el vaso medio vacío. Hoy existen jóvenes profesionales y nuevos productos periodísticos de una calidad refrescante.
Casos como Diego Genoud (Crisis, LPO, MdZ online, Plan M), Pablo Ibañez (Ámbito), José Natanson (Le Monde), Martín Rodríguez (radio Nacional, LPO, Crisis), Sebastian Lacunza (BsAs Herald), Marcelo Falak (Ámbito), Sebastian Iñurrieta (El Cronista), Fernando Rosso (La Izquierda Diario), Alejandro Bercovich (BAE, Rock&Pop, C5N), Jonatan Viale (América), Ivan Schargrodsky (Nacional Rock, El Destape web, DDD), Juan Cruz Sanz (Infobae) y muchos más aportan desde sus especialidades datos, formación académica y una mesura para tratar la coyuntura política que no se ve en sus mayores.
En paralelo han surgido productos periodísticos de altísima calidad como La Garganta Poderosa, Revista Anfibia, Revista Crisis, Le Monde Diplimatic Argentina, La Izquierda Diario, Revista Paco y observatorios como Diario Sobre Diarios y Chequeado.com o servicios informativos especializados como Infojus.
Esta nueva generación de periodistas -que vienen de militancias políticas, académicas o culturales y que flirtearon en su adolescencia política con el autonomismo y saben generar productos contraculturales de calidad-, no arrastra viejos rencores ni falsas lealtades partidarias o empresariales. Es la síntesis, el hilo de la aguja que coserá la famosa grieta social, política y cultural. Una grieta que supo transformarse en negocio para unos pocos que no permiten pensar el país y su futuro.

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