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miércoles, 3 de septiembre de 2014

TELEPERONISMO...y algunas preguntas necesarias

Hoy nos limitamos a recomendar un notón descontrolado de Esteban De Gori en la Panamá Revista.
Sí vamos a aportar las siguientes preguntas: ¿De quién es la responsabilidad de haber elegido a este tarambana, con menos lealtad que Cobos, como nuestro candidato? ¿Es verdad que se pifió la táctica, al elegir a "lo más parecido" que teníamos a Massa, como dijo en su momento Verbitsky? ¿Al hacer esa elección, al "hablar su idioma", Massa "nos condujo"? Hay que poder decir que Cristina se equivocó ahí. Y para todos los antiscioli, este tipo de cosas lo revaloriza. Mal que os pese. 


TELEPERONISMO



insaurralde
Por Esteban De Gori :: @edegori 
I
Martin Insaurralde –el ahora candidato disponible– duda a qué espacio integrarse en las elecciones de 2015. Aquel que ayer fue derrotado por Sergio Massa en las elecciones parlamentarias en la provincia de Buenos Aires, duda y “hace cuentas” para comprender si es factible pasarse a las filas del vencedor. “Hace cuentas” como todo perdedor que se supone portador de un triunfo futuro, o que sencillamente debe estar del lado de los vencedores. De esta manera, lo hizo al modo en que lo recomendó el manual práctico del menemismo cuando el sandinismo y el bloque soviético tocaron el piso y de todo peronismo que sabe leer fortalezas y debilidades.

II
Su duda no es filosófica ni posee ribetes dramáticos. Su duda es –básicamente– empresarial, accionaria. En este caso, vacilar se trasformó en un negocio propio y desató el deseo de todos de tenerlo entre sus filas. Sí, todos –silenciosamente– se pelean por él y por lo que dicen los encuestadores que tiene. A diferencia de una cultura política que ama al decidido, este dirigente ambiguo y vacilante en su adscripción se volvió un objeto de deseo. Martin lo logró, se volvió “el Codiciado”. El pibe llegó y muchos lo envidian, dentro y fuera del Frente para la Victoria; dentro y fuera del Frente Renovador. La duda lo mantiene expectante, arriba. Por ello, Insaurralde zafó. Ya no será parte de esa flotilla de dirigentes que arribarán al massismo con solo un conjunto de selfies que colgaron en FB o en Twitter. Él no necesita selfies, porque por lo visto tiene mucha pantalla.

III
Martin se transformó en un microempresario de sí mismo, en un “farmer massmediático” que puede mostrar –además– que puede llevar de su brazo a una modelo. Su vida parece imaginada por los guionistas (frívolos) de Cinecittá o de Mediaset. Una bella figura.
Insaurralde es un “teleperonista” en regla. Uno del siglo XXI, con protocolo de ejercicio para el futuro. Este dirigente, integrante de la generación del ‘90 nunca creerá que esos años fueron el Ancien Regime sino una fuente de artefactos culturales disponibles y de vastos saberes. Uno de estos, recomienda que los proyectos políticos suponen adhesiones frágiles, deliverys y temporarias. ¿Por qué? Porque la vida posmoderna es así…

IV
En la década del ’60, la corporación evangélica Club 700 y su fundador Pat Robertson le enseñaron al marketing político como se posicionaban los telepastores o telepredicadores. Hoy Tinelli –el gran Club mediático argentino, esa especie de evangelista laico de la pantalla– es la caja de herramientas para forjar y lanzar a los telepolíticos. Ya no a esos políticos que exigen ser orgánicos sino a políticos deseosos de transformarse en autónomos e independientes de toda base social y partidaria. De esta manera, estamos ante los “candidatos flotantes” –hijos de las audiencias–, disponibles para desembarcar en cualquier toldería política y para jugar en cualquier interna. Así, se imaginan y contornean candidatos supraterritoriales para que acumulen audiencia-votantes desde una pantalla.

VI
Martin se deja tentar y agradar. Tiene las gestualidades y ritualidades que exigen los poderes actuales. Hace ejercicio de modales moderados y de padecimientos y alegrías personales para construir identificaciones con los otros. Padecimientos y alegrías llevados al rango de la telenovela.
Martin se deja mostrar, sobre todo, en TV. Se desliza entre el coro de tinellizados y el escenario principal. Él es una vedette, posee su formato. Ha tomado el lugar de su pareja, la modelo Jessica Cirio, ahora participante del programa de Tinelli. Ella se ha vuelto la política o el político de la pareja, cuando se refiere al proyecto de Martin.
El dirigente “supraterritorial” ha logrado –a partir de la habilidad de Tinelli– obtener un “poder de pantalla” de tal especie que se convierte en una suerte de out sider o un libero. Esto puede observarse en los carteles que llevan su nombre como candidato a gobernador y que prescinden de cualquier inscripción partidaria. Es decir, está disponible pero no regalado.
Mostrarse en el programa de Tinelli, tiene un efecto financiero. Mostrarse, en estos tiempos de perdida de reservas, es aumentar sus acciones en el “mercado político”. De esta manera, además de un micro empresario de sí mismo, Martin es una sociedad anónima que ha conseguido en Tinelli el mejor jefe de campaña electoral que cualquier político pueda tener en Argentina.

VI
El gobierno nacional encontró en Martín una “perlita”, un dirigente de la generación de los 90 para competir con Massa. Había que buscar parecidos. Había que conseguir un “intendente modelo –en los dos sentidos del término– y presentable” (léase: que no se parezca a la rudeza de los intendentes del conurbano que pertenecen al FPV). Luego de la derrota y de cierto sinsabor que ella le trajo al interior del FPV, este dirigente entendió que era bueno lanzarse solo y, para ello, reapropiarse de toda la artillería mediática posible para mostrarle al propio gobierno nacional cuanto valía solo. Martin no volvió al llano, sino a la televisión. Entonces, en tiempos de inflación, el pibe se infla.

VII
Martín se transformó en vedette. Se hizo vedette para acumular pantalla y sortear el alineamiento que exige el kirchnerismo para resolver el enigma 2015. Éste se enajenó de los orfebres electorales del Frente para la Victoria y hoy se pavonea como si no le debiese nada a nadie. También ofrece una estrategia para la competencia peronista. A éste movimiento le ofrece otro curso de acción: “administrar la sangre” en las pantallas y no en el territorio.


VIII
A su vez, la televisión ofrece cosas. Entre ellas, la posibilidad de expulsar el drama que introduce el concepto de “traición”, tan afecto al universo peronismo. En este caso “televisivo”, Martín no traicionaría, sino flotaría. No traicionaría, porque intentarían desligarlo de aquellos condimentos dramáticos que alberga una decisión que supusiese un “pase” de un partido a otro. Así, lo dramático de una decisión de este tenor se podría volver una anécdota, un pase “natural” de una toldería a otra, una conducta con arreglo a fines; como toda conducta –finalmente– empresarial.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Contra el 678ismo



Cada vez que alguien que se considera peronista me habla de izquierda o derecha me quiero morir. Así de fuerte. Esas categorías yo las discuto, aunque tenga enfrente un título de politólogo. Porque de última te muestro el mío.
No hace falta ser peronista para ser kirchnerista. Eso es un mérito y un desafío de este proceso. Mérito porque acumula más masa crítica (aliados) para transformar. Desafío porque exige un proceso de formación política permanente en pensamiento nacional. De desgorilización permanente. Porque no hace falta ser peronista para ser kirchnerista. Pero no se puede ser gorila.
Cuando un compañero me dice “No, hay que meter un candidato que asegure el proceso, tipo Zannini, Abal Medina o Rossi” me quiero morir. Así de fuerte. Porque el compañero no está haciendo política, está haciendo ideología. Y no entiende al peronismo. No se peronizó.
El movimiento es amplio, nunca sectario ni excluyente. Pero boludeces no. Si el nuevo sigue diciendo “clase obrera”, fijarse, adentro se dice “movimiento obrero organizado”. Si se sigue diciendo “movimiento popular”, fijarse, nosotros decimos “movimiento nacional”. A leer a Jauretche viejo. Después sí, nos metemos en cuestiones más finitas como la izquierda nacional y si la traición de Urquiza fue en 1852 o 1862 y esas cosas.
El peronismo volvió al poder luego de 18 años porque amplió su base de sustentación. Incorporó a los hijos de la clase media, que lo había derrocado en 1955. La historia de Estela lo demuestra. La biografía de Rodolfo Walsh lo demuestra. Pero no es lo mismo haberse sumado a la joda en 1966/69 que en 1973/74. Porque hay un empalme con la resistencia peronista, se pasa la antorcha. Durante el “engorde” la lucha armada dejó de ser una herramienta más. Las organizaciones político-militares no fueron un punto de llegada, sino de partida. Los cuadros político-militares pasaron a ser cuadros militares-políticos. Nunca fue lo mismo ser peronista y montonero que montonero y peronista. El orden de los factores sí altera el producto.
Hoy el desafío no es el clasismo (o el leninismo, o el guevarismo) sino el progresismo. Artemio siempre lo dice: el kirchnerismo no es una “superación” del peronismo (como sostienen Forster y tantas otras vacas sagradas que inventamos y no tienen foja militante), sino la modalidad que adopta el movimiento nacional y popular en los años dos mil. 
Si tiene diferencias (e incluso superaciones) respecto al peronismo, como la tolerancia con la oposición, la no censura mediática, el respeto por la identidad de género, etc., que son propias de la época y muy “made in 1983”. Pero se corre el riesgo permanente en la tensión y disputa “con el PJ” (¡política, no ideológica!) de que el progresismo, que es un aliado táctico, te conduzca ideológicamente el proceso. No porque Cristina sea “proge”, sino porque se hamaca para ganar autonomía frente al PJ. Como se hamaca en las provincias chicas para ganar autonomía frente a las provincias grandes (el radical santiagueño Zamora presidente provisional del Senado se explica por esas dos cosas por ejemplo. Para horror del progresismo).
Es verdad que 678 fue una herramienta imprescindible para romper el cerco mediático en 2009. Como lo fue la Ley de Medios. Como lo fue que aparecieran medios más ligados al gobierno como Tiempo Argentino o CN23. Como lo fueron los blogueros nac&pop también.
Pero esa etapa ya pasó, y leer a Jauretche es imprescindible. Porque te manda a leer revisionismo histórico para entender la contradicción principal. También es fundamental leer al General Perón, que la izquierda/progresismo ni siquiera sabe que escribió. Leer “Latinoamérica: Ahora o Nunca” o “Modelo Argentino para el Proyecto Nacional” de 1974.
Pero sobre todo Manual de Conducción Política. Para darle la pelea a la antipolítica, que es nuestro peor enemigo. Transmitirle al pueblo cosas que la clase dirigente ya sabe, como hace Maquiavelo en “El Príncipe”.
Por eso fue hermosa le lección que les dio Néstor en esa mesa durante el “redradogate”, cuando les quiso hacer entender que necesitaba poner a uno “de ellos” que le respondiera a “él”. ¿“A quién querían que ponga, al flaco Kunkel”? 
Te extraño flaco.